Full Text: El Cuento de la Señora Tittlemouse
One story, four ways to read it
Every story comes in its original version plus several simplified reading levels, so it grows with your child.
The original text is the full story with rich vocabulary and descriptive language, ideal for reading aloud together and for kids who are ready for longer sentences.
The simplified levels retell the same story in shorter, simpler sentences matched to your child's stage. Ages 2-6 uses a few short sentences per scene, perfect for first time readers. Ages 4-8 adds simple dialogue and everyday vocabulary for kids beginning to follow along. Ages 6-10 keeps the language accessible while bringing back more of the story's detail, a natural bridge to the original.
Start at the level where your child is comfortable, and move up when they're ready. Hearing the same story told in richer language each time is one of the best ways to build vocabulary in any language.
Original Text: El Cuento de la Señora Tittlemouse
Había una vez un ratón de campo, y su nombre era la Sra. Tittlemouse.
Vivía en una lomita debajo de un arbusto.
¡Qué casa más divertida! Había metros y metros de pasadizos arenosos, que llevaban a almacenes y despensas de nueces y semillas, todo entre las raíces del seto.
Había una cocina, una sala, una despensa y una alacena.
Además, estaba el cuarto de la Sra. Tittlemouse, ¡donde dormía en una camita de caja!
La Sra. Tittlemouse era una ratoncita terriblemente ordenada y particular, siempre barriendo y desempolvando los suaves pisos arenosos.
A veces un escarabajo se perdía en los pasillos.
“¡Shu! ¡shu! ¡piecitos sucios!“ decía la Sra. Tittlemouse, haciendo ruido con su recogedor.
Y un día una viejita corría de un lado para otro con una capa roja con manchas.
“¡Tu casa está en llamas, Madre Mariquita! ¡Vuela a casa con tus nenes!“
Otro día, una araña grande y gorda entró para refugiarse de la lluvia.
“Perdón, ¿esta no es la casa de la Srta. Muffet?“
“¡Vete, araña atrevida y mala! ¡Dejando hilos de telaraña por toda mi casa limpia y bonita!“
Ella sacó a la araña por una ventana.
Él se dejó caer por el arbusto con un pedazo de cuerda largo y finito.
La Sra. Tittlemouse siguió su camino hacia un almacén lejano, para recoger pepas de cereza y semillas de cardo para la cena.
A lo largo del pasadizo olfateaba y miraba al piso.
«Siento un olor a miel; ¿serán las prímulas allá afuera, en el seto? Estoy segura de que puedo ver las marcas de unos piecitos sucios.»
De repente, al doblar una esquina, se encontró con Babbitty Bumble—
«¡Zizz, Bizz, Bizzz!» dijo el abejorro.
La Sra. Tittlemouse la miró seriamente. Deseaba tener una escoba.
«Buen día, Babbitty Bumble; me gustaría comprar un poco de cera de abejas. Pero, ¿qué haces aquí abajo? ¿Por qué siempre entras por una ventana y dices Zizz, Bizz, Bizzz?»
La Sra. Tittlemouse se empezó a molestar.
«¡Zizz, Wizz, Wizzz!, respondió Babbitty Bumble con un chillido malhumorado. Se deslizó por un pasadizo y desapareció en un almacén que había sido usado para bellotas.
La Sra. Tittlemouse se había comido las bellotas antes de Navidad; el almacén debería haber estado vacío.
Pero estaba lleno de musgo seco y regado.
La Sra. Tittlemouse comenzó a sacar el musgo. Otras tres o cuatro abejas asomaron la cabeza y zumbaban ferozmente.
“No acostumbro alquilar cuartos; ¡esto es una intrusión!“ dijo la Sra. Tittlemouse. “Las voy a sacar—
¡Buzz! ¡Buzz! ¡Buzzz!“—“¿Me pregunto quién me podrá ayudar?
¡Bizz, Wizz, Wizzz!“
—“No voy a traer al Sr. Jackson; nunca se limpia los pies.“
La Sra. Tittlemouse decidió dejar a las abejas hasta después de la cena.
Cuando regresó a la sala, oyó a alguien tosiendo con una voz gruesa; ¡y allí estaba el mismísimo Sr. Jackson!
Estaba sentado ocupando toda una sillita mecedora, moviendo los pulgares y sonriendo, con los pies en el guardafuegos.
Vivía en un desagüe debajo de los arbustos, en una zanja bien sucia y húmeda.
“¿Cómo está, Sr. Jackson? ¡Dios mío, se ha mojado mucho!“
“¡Gracias, gracias, gracias, Sra. Tittlemouse! Me sentaré un rato a secarme,“ dijo el Sr. Jackson.
Se sentó y sonrió, y el agua goteaba de las colas de su abrigo. La Sra. Tittlemouse fue alrededor con un mapo.
Se quedó sentado tanto tiempo que tuvo que preguntarle si quería algo para cenar.
Primero le ofreció semillas de cereza.
«¡Gracias, gracias, Sra. Tittlemouse! ¡Sin dientes, sin dientes, sin dientes!, dijo el Sr. Jackson.
Abrió la boca innecesariamente grande; de verdad que no tenía ni un diente en la cabeza.
Luego le ofreció semillas de cardo—«¡Tiddly, widdly, widdly! ¡Pouff, pouff, puff!» dijo el Sr. Jackson. Sopló las semillas de cardo por todo el cuarto.
«¡Gracias, gracias, gracias, Sra. Tittlemouse! Ahora lo que de verdad—de verdad me gustaría—sería un platito de miel.»
«Me temo que no tengo, Sr. Jackson», dijo la Sra. Tittlemouse.
«¡Tiddly, widdly, widdly, Sra. Tittlemouse!, dijo el sonriente Sr. Jackson, «Puedo olerlo; por eso vine a visitar».
El Sr. Jackson se levantó pesadamente de la mesa y comenzó a mirar en los gabinetes.
La Sra. Tittlemouse lo siguió con un trapo de cocina, para limpiar sus grandes huellas mojadas del piso de la sala.
Cuando se convenció de que no había miel en los gabinetes, comenzó a caminar por el pasillo.
«De verdad, de verdad, se va a quedar atascado, Sr. Jackson!»
«¡Tiddly, widdly, widdly, Sra. Tittlemouse!»
Primero se apretó en la alacena.
“¿Tiddly, widdly, widdly? ¿Sin miel? ¿Sin miel, Sra. Tittlemouse?“
Había tres personas arrastrándose escondidas en el estante de los platos. Dos de ellas se escaparon; pero a la más chiquita la atrapó.
Luego se metió apretadita en la alacena. La Srta. Mariposa estaba probando el azúcar, pero voló por la ventana.
«¡Tiddly, widdly, widdly, Sra. Tittlemouse; parece que tiene muchas visitas!»
«¡Y sin ninguna invitación!, dijo la Sra. Thomasina Tittlemouse.
Fueron por el pasadizo arenoso—
«¡Tiddly widdly—»
«¡Buzz! ¡Wizz! ¡Wizz!»
Se encontró con Babbitty al doblar una esquina, la atrapó y la soltó otra vez.
«No me gustan los abejorros. Están llenos de pelos,» dijo el Sr. Jackson, limpiándose la boca con la manga de su abrigo.
«¡Vete de aquí, viejo sapo asqueroso!» chilló Babbitty Bumble.
«¡Me voy a volver loca!» regañó la Sra. Tittlemouse.
Se encerró en la despensa de nueces mientras el Sr. Jackson sacaba el nido de abejas. No parecía tener objeción a las picadas.
Cuando la Sra. Tittlemouse se atrevió a salir—todos se habían ido.
Pero el reguero era algo terrible—
“Nunca vi tal desastre—manchas de miel; y musgo, y semillas de cardo—y marcas de pies grandes y chiquitos sucios—¡por toda mi bonita casa limpia!“
Recogió el musgo y los restos de la cera de abejas.
Luego salió y trajo unas ramitas, para cerrar un poco la puerta principal.
“¡La haré demasiado chiquita para el Sr. Jackson!“
Trajo jabón suave, y franela, y un cepillo de restregar nuevo del almacén. Pero estaba demasiado cansada para hacer más. Primero se quedó dormida en su silla, y luego se fue a la cama.
“¿Volverá a estar recogido alguna vez?“ dijo la pobre Sra. Tittlemouse.
A la mañana siguiente se levantó bien temprano y comenzó una limpieza de primavera que duró dos semanas.
Barrió, mapeó y sacudió el polvo; y frotó los muebles con cera de abejas, y pulió sus cucharitas de estaño.
Cuando todo estaba maravillosamente recogido y limpio, hizo una fiesta para otros cinco ratoncitos, sin el Sr. Jackson.
Él olió la fiesta y subió por la lomita, pero no pudo entrar por la puerta.
Así que le pasaron tazas de bellota llenas de rocío de miel por la ventana, y no se ofendió para nada.
Se sentó afuera al sol, y dijo—
«¡Tiddly, widdly, widdly! ¡A su muy buena salud, Sra. Tittlemouse!»
