Full Text: El Cuento de los Dos Ratones Traviesos
One story, four ways to read it
Every story comes in its original version plus several simplified reading levels, so it grows with your child.
The original text is the full story with rich vocabulary and descriptive language, ideal for reading aloud together and for kids who are ready for longer sentences.
The simplified levels retell the same story in shorter, simpler sentences matched to your child's stage. Ages 2-6 uses a few short sentences per scene, perfect for first time readers. Ages 4-8 adds simple dialogue and everyday vocabulary for kids beginning to follow along. Ages 6-10 keeps the language accessible while bringing back more of the story's detail, a natural bridge to the original.
Start at the level where your child is comfortable, and move up when they're ready. Hearing the same story told in richer language each time is one of the best ways to build vocabulary in any language.
Original Text: El Cuento de los Dos Ratones Traviesos
Había una vez una casa de muñecas bien hermosa; era de ladrillos rojos con ventanas blancas, y tenía cortinas de muselina de verdad, una puerta principal y una chimenea.
Le pertenecía a dos muñecas llamadas Lucinda y Jane; al menos le pertenecía a Lucinda, pero ella nunca ordenaba comidas.
Jane era la cocinera, pero nunca cocinaba, porque la cena se había comprado ya hecha, en una caja llena de virutas.
Había dos langostas rojas y un jamón, un pescado, un pudín y algunas peras y chinas.
No se despegaban de los platos, pero eran bien hermosos.
Una mañana Lucinda y Jane habían salido a dar un paseo en el cochecito de la muñeca. No había nadie en el cuarto de los nenes, y estaba muy tranquilo. Entonces hubo un pequeño ruido de rasguños y arañazos en una esquina cerca de la chimenea, donde había un rotito bajo el rodapié.
Tom Thumb asomó la cabeza por un momento, y luego la metió de nuevo.
Tom Thumb era un ratón.
Un minuto después, Hunca Munca, su esposa, también asomó la cabeza; y cuando vio que no había nadie en el cuarto de los nenes, salió al hule al lado de la chimenea.
La casa de muñecas estaba al otro lado de la chimenea. Tom Thumb y Hunca Munca cruzaron la alfombra con cautela. Empujaron la puerta principal—no estaba trancada.
Tom Thumb y Hunca Munca subieron las escaleras y echaron un vistazo al comedor. ¡Entonces chillaron de alegría!
¡Qué cena tan linda estaba puesta en la mesa! Había cucharas de hojalata, y cuchillos y tenedores de plomo, y dos sillas de muñeca—¡todo tan conveniente!
Tom Thumb se puso a trabajar enseguida para cortar el jamón. Era de un hermoso amarillo brillante, con vetas rojas.
El cuchillo se dobló y lo lastimó; se metió el dedo en la boca.
«No está lo suficientemente cocido; está duro. Trata tú, Hunca Munca.»
Hunca Munca se paró en su silla y cortó el jamón con otro cuchillo de plomo.
«Está tan duro como los jamones de la charcutería», dijo Hunca Munca.
El jamón se zafó del plato de un jalón y rodó bajo la mesa.
“Déjalo,“ dijo Tom Thumb; “¡dame un poco de pescado, Hunca Munca!“
Hunca Munca probó cada cuchara de hojalata una por una; el pescado estaba pegado al plato.
Entonces Tom Thumb perdió la paciencia. Puso el jamón en el medio del piso y lo golpeó con las tenazas y con la pala—¡bang, bang, smash, smash!
El jamón se hizo cantos, porque debajo de la pintura brillosa estaba hecho de nada más que yeso.
Entonces no hubo fin para el coraje y la decepción de Tom Thumb y Hunca Munca. Rompieron el pudín, las langostas, las peras y las chinas.
Como el pescado no se despegaba del plato, lo pusieron en el fuego de papel rojo caliente en la cocina; pero tampoco se quemó.
Tom Thumb subió por la chimenea de la cocina y miró desde arriba—no había hollín.
Mientras Tom Thumb estaba en la chimenea, Hunca Munca se llevó otra decepción. Encontró unas latitas en el mostrador, etiquetadas—Arroz—Café—Sago—pero cuando las viró, no había nada adentro excepto cuentas rojas y azules.
Entonces esos ratones se pusieron a hacer todo el daño que pudieron—¡especialmente Tom Thumb! Sacó la ropa de Jane de la gaveta de su cuarto, y la tiró por la ventana del piso de arriba.
Pero Hunca Munca tenía una mente ahorrativa. Después de sacar la mitad de las plumas del cojín de Lucinda, se acordó de que quería una cama de plumas para ella misma.
Con la ayuda de Tom Thumb llevó el cojín escaleras abajo y cruzó la alfombra. Fue difícil meter el cojín en el rotito del ratón; pero lo lograron de alguna manera.
Luego Hunca Munca regresó y trajo una silla, una tablilla, una jaula de pájaros y varios objetos pequeños. La tablilla y la jaula de pájaros se negaron a entrar por el rotito del ratón.
Hunca Munca los dejó al lado de la chimenea y fue a buscar una cuna.
Hunca Munca estaba regresando con otra silla cuando de repente se oyó un ruido de conversación afuera en el pasillo. Los ratones corrieron de vuelta a su agujero, y las muñecas entraron al cuarto de los nenes.
¡Qué espectáculo encontraron los ojos de Jane y Lucinda!
Lucinda se sentó en la estufa de la cocina volcada y miró; y Jane se recostó del mostrador de la cocina y sonrió—pero ninguna de las dos dijo una palabra.
La estantería y la jaula de pájaros fueron rescatadas de cerquita de la chimenea—pero Hunca Munca tiene la cuna, y alguito de la ropa de Lucinda.
También tiene algunas ollas y sartenes útiles, y varias otras cosas.
La nena a la que le pertenecía la casa de muñecas dijo,—
“¡Conseguiré una muñeca vestida como un policía!“
Pero la niñera dijo,—
“¡Pondré una trampa de ratones!“
Así que esa es la historia de los dos ratones traviesos—pero no eran tan traviesos después de todo, porque Tom Thumb pagó por todo lo que rompió.
Encontró una moneda torcida debajo de la alfombra; y en la víspera de Navidad, él y Hunca Munca la metieron en una de las medias de Lucinda y Jane.
Y bien tempranito cada mañana—antes de que nadie esté despierto—Hunca Munca viene con su recogedor y su escoba a barrer la casa de muñecas.
